En esta web personal, doy información del daño cerebral y al mismo tiempo ofrezco mi ayuda a quien me lo solicite. También, expongo mis libros autobiográficos -claves para entender aún mejor el daño cerebral-. Me emocionaría saber que todo ello sea de gran valor para salir, de una vez por todas, de la ignorancia de esta enfermedad y de los prejuicios que la rodean. Y, de esa forma, ampliemos los conocimientos para poder entendernos, aceptarnos y querernos MEJOR.
"Transformar el dolor en sabiduría es posible. Y tú también puedes hacerlo".
Con 22 años, cuando cursaba la Licenciatura de Ciencias Políticas, un accidente de moto cambió mi vida para siempre. El impacto me provocó un grave daño cerebral, me llevó al coma y me obligó a empezar de nuevo.
Tuve que reaprender a hablar, andar, escribir, comprender y desenvolverme en actividades que antes realizaba de forma automática. Como tantas otras personas con daño cerebral, inicié un largo proceso de rehabilitación y adaptación a una nueva realidad.
Sin embargo, con el paso de los años comprendí algo que cambiaría por completo mi visión de la recuperación.
Lo más difícil no fue aprender a andar.
Ni volver a escribir.
Ni licenciarme.
Ni reconstruir mi vida.
Lo más difícil fue intentar comprender cosas que nadie me había explicado.
Durante casi 32 años he ido descubriendo, poco a poco, aspectos de mi lesión cerebral que desconocía por completo. Consecuencias que afectaban a mi comportamiento, a mis relaciones personales, a mi forma de reaccionar y a mi manera de entender el mundo. Son las secuelas invisibles.
Muchas veces sufría sin saber por qué.
Muchas veces me culpé de cosas que hoy sé que tenían una explicación neurológica.
Y pensé que determinados aspectos formaban parte de mi personalidad cuando, en realidad, estaban relacionados con mi lesión cerebral.
Paradójicamente, algunas de las respuestas más importantes no las encontré durante los primeros años de rehabilitación. Las encontré décadas después.
Mientras actualizaba el segundo volumen de mi trilogía autobiográfica, empecé a revisar mi historia con la perspectiva que dan los años. Fue entonces cuando muchas piezas empezaron a encajar. Por primera vez comprendí de forma global lo que me había ocurrido y cómo me había afectado realmente.
Sentí que el puzle estaba completo.
Y también comprendí algo más.
Si yo había tardado casi 32 años en descubrir determinadas cosas, probablemente otras personas y muchas familias seguían recorriendo exactamente el mismo camino de incertidumbre.
Por eso hoy mi misión es compartir aquello que no me dijeron tras mi daño cerebral y que, casi 32 años después, he ido averiguando por mí misma, para que otras personas y sus familias no tengan que recorrer solas el mismo camino.
Esa necesidad de ayudar no nació ahora.
Me acompaña desde el principio; desde que fui consciente de mi estado.
Ya en mis primeros escritos de recuperación aparecía una idea constante: que mi experiencia debía servir para algo útil y que, si podía ayudar, aunque solo fuera a una persona, todo el esfuerzo habría merecido la pena. Se me abrió un “apetito insaciable” por ayudar.
Con el tiempo llegaron los libros.
Llegó la escritura.
Llegó la divulgación.
Y llegó una convicción que hoy forma parte de mí.
Todos poseemos una fuerza interior mucho mayor de la que imaginamos.
Mi recuperación fue un triunfo colectivo. Muchas personas me ayudaron a salir adelante. Pero también sé que, sin actitud, perseverancia y una voluntad constante de superación, nada de aquello hubiera sido posible.
No me considero una persona extraordinaria.
Creo que la mayoría de los seres humanos somos mucho más fuertes de lo que creemos.
Simplemente, a veces la vida nos obliga a descubrirlo.
Hoy miro hacia atrás con gratitud.
Gratitud hacia quienes me ayudaron.
Gratitud hacia la Irene que nunca dejó de tener proyectos, metas, desafíos…
Y gratitud hacia una experiencia que me permitió comprender algo esencial: que estamos aquí para ayudarnos.
Si tuviera que resumir toda mi historia en tres palabras, no elegiría “superación”, ni “resiliencia”, ni “éxito”.
Elegiría estas:
MERECIÓ LA PENA.
He visitado muchas webs sobre daño cerebral que ofrecen información, asociaciones y recursos, y en una de ellas leí una descripción de las secuelas cognitivas como problemas de memoria, concentración, lenguaje o capacidad de juicio. Sin embargo, hecho en falta algo fundamental: no se explica que, gracias a la neuroplasticidad, esas secuelas pueden mejorar muchísimo o incluso casi desaparecer, como ha ocurrido en mi caso.
Siento que no se da el valor real a la lucha interna constante que hay que mantener de por vida para avanzar. Después de años, he llegado a automatizar esa lucha por entenderlo todo. También tengo la sensación de que muchas personas no salen de su zona de confort y que no siempre interesa que se conozca todo el potencial de recuperación, quedando en mejor situación quienes pueden permitirse una buena rehabilitación.
Desde mi experiencia, lo explico en mi segundo libro, cómo tras seis meses estudiando oposiciones noté un “clic” en mi cerebro que me permitió empezar a entender el lenguaje jurídico, algo que antes me hacía sentir no apta para la sociedad pese a ser licenciada en Periodismo. Fue muy doloroso, pero gracias a mi perseverancia conseguí adaptarme a esos términos y aprobar dos de los cinco exámenes, uno de ellos con notable.
UNA DE CAL Y OTRA DE ARENA
Soy consciente de que el cerebro es muy complejo y que cada caso de daño cerebral es diferente, por lo que no se puede generalizar. Aun así, tengo claro que hay que luchar sí o sí. Creo que la mejora depende en gran parte del carácter, la constancia y el espíritu de superación de cada persona. Para avanzar, es clave centrarse primero en uno mismo con toda la intensidad necesaria y, después, ir soltando ese enfoque cuando ya no sea imprescindible.
También, quiero reconocer profundamente a todas las personas que ayudan a otros, porque aportan esperanza y evitan que muchos caigan en el olvido, como me ocurrió a mí. Por eso, siento un agradecimiento inmenso hacia todo el personal sanitario que me acompañó en esos años tan duros.
Irene Pasanau es autora de la trilogía sobre daño cerebral. Creadora de este proyecto de ayuda, orientación y concienciación sobre el daño cerebral sobrevenido. Su historia personal tras sufrir un daño cerebral a los 22 años y su proceso de recuperación y superación han dado lugar a sus libros y a esta web.
Si estás aquí, no es casualidad.
Tal vez esta historia también tenga algo que decirte.